martes, diciembre 12, 2006

Conatos de milagros; ya no creo en ellos

Hace poco, dándole un giro novelístico a mis relaciones sociales, hablé con personas con las que pensé nunca más entablaría una conversación. Por un instante anhelé (por costumbre más que por fervor) que todo volviera a ser como antes. Pero no lo era, ni lo sería; y descubrí que tampoco lo deseaba.
Escapé por un método no muy satisfactorio pero escapé; entretuve a mi cuerpo unas horas bailando, mientras mi corazón se adaptaba a mi nuevo sistema operativo.
He dejado de querer a personas que pensé siempre querría... Mas hay alguien que me ha enseñado cuán hermosa y extraña es la amistad. Prefiero perder a casi todos mis amigos si sólo se quedara el amigo que vale la pena.

Cuando el humo de cigarro huele a potpourri, cuando la muñeca grita por ser cortada, cuando por instantes la falda se te hace corta y delata a la hetera que duerme en ti, ahí estará; en una moto esperando llevarte a la velocidad de mi desenfreno hacia el lugar donde el tiempo no tiene gobierno.(...)