El Chucho de Gianfranco (El Caballero Carmelo del 2007)
Dicen que las historias más complejas son la que atrapan a la gente. Pero a veces, las historias más simples, también saben captar nuestra atención.Estaba en un mal día: mi ex me acosaba de pronto y tenía el sabor amargo de haber conocido a un orate de dieciséis años en quien erróneamente había depositado mi confianza. (Yo fui más orate en confiar en un “chibolo”).
En eso sonó el timbre del recreo: reu’ del fanzine al cual (no sé por qué porque todavía no escribo ahí) pertenezco. Ni con eso se me quitó totalmente la sensación de fastidio (quizá cumplía penitencia de mi vida licenciosa de los últimos días). En eso, Gianfranco (padre de Gordo Sucio, esposo de Kara y loco soñador) cuenta una anécdota:
Se encontraba en la calle, cuando ve a una avecilla a la cual casi atropellan. La recogió y adoptó como segundo hijo. Lo bautizó como Chucho. (El nombre se presta a algo en doble sentido – yo y mi mente sicalíptica –).
Gianfranco le daba de comer. Gianfranco le llenaba la mente agreste de ideologías extrañas y algo pasadas de moda. Gianfranco le contaba la historia de sus antepasados pajariles (ya estoy pirando…).
Al poquito tiempo, Chucho sufrió lo que nosotros sufrimos (tal vez como yo sufría en esos momentos mientras tomaba mi Sprite y ojeaba fanzines) de manera metafórica: fue devorado por un congénere más grande y algo loco – para nosotros, pero Pierre (alias Pacazo) explicó que esa es la naturaleza de las palomas –. Al oír cómo la paloma se devoraba al Chucho, pensé en miles de metáforas (prometí no plasmarlas, pero no pude evitar escribir el boceto de una, líneas atrás).
El cadáver del Chucho yace “dignamente” en un frasco de pañitos húmedos para bebé.
Gianfranco, aparentemente ya repuesto, maldice la hora en que lo recogió. “¿Y si nunca lo hubieran atropellado? Lo llevé a su muerte”.
Tal vez ese era su destino, Gianfranco. Así como nosotros, que evitamos ciertas “fatalidades” que tarde o temprano se cumplen.



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