sábado, marzo 24, 2007

Esta juventud; a dónde irá a parar… en mis tiempos… ¡No conocen Carreño!

En uno de esos días sin nada pendiente para ese día en mi agenda: o sea, día aburrido, rebusqué entre mis libros del almacén: libros colegiales, cuentos del ayer, diccionarios nada dignos para mi carrera y él… “El manual de Carreño”.
Cuando era una lacia niña y me topaba con el dichoso manual, de sólo ver la carátula, me aburría. Tenía dibujos de buses interprovinciales de Ormeño y eso para esa edad no era algo que se diga, atractivo.
Ahora que biológicamente ya no parezco una niña, ya no me hago complicaciones con la falta u horrorosidad (neologismo) de las imágenes y me centro en el texto.
Me salteé las primeras páginas un tanto pasadas de moda, como un juramento a la patria, a los padres y cosas así.

Si las reglas de Frieda Holler te parecieron algo exageradas, créanme, las de Carreño lo son aun más.
Porque para quien no lo sabía, “El manual de Carreño” es un clásico de las buenas costumbres. Por eso el post. Hablé con muchas personas de las cuales muy pocas tenían conocimiento del autor y eso me asustó.
Mientras lo leía (no terminé de leerlo por cuestiones sociales: salía sin parar), me sentía la mujer más incivilizada del planeta. Vivía por vivir y no sabía que estaba rompiendo un sinnúmero de reglas de etiqueta :’(.

Un par de cosas me llamó la atención: el machismo del texto:

Pág. 29, Capítulo I, Artículo 32: “La mujer es merecedora de todo nuestro respeto y simpatía, por su importantísimo papel en la humanidad como esposa y sobre todo como madre. Su misión no sólo se limita a la gestación y crianza física del ser humano, que por sí sola le importa tantos sacrificios, sino que su influencia mental y moral es decisiva en la vida del hombre”.
O sea, la mujer vale sólo porque es apoyo del hombre!!!!!
Y así en el resto del libro, hay detalles que delatan el machismo de la época; de que la mujer se encarga del manejo del hogar (nunca hablan de la esposa que trabaja), etc.

El otro tema que me “mareó” fue el del modo de conducirnos en la calle, que si son dos mujeres y una señorita caminan de una manera, que si fulanita es de mayor rango, es de otra, y así… Parecían combinaciones de ajedrez. Ese mismo día quise practicar lo aprendido con tal mala suerte que al avanzar, vi a una anciana que iba a paso lento. El manual no hablaba de si se podía o no adelantarse ante una persona así. Me bloqueé. Decidí caminar por la pista, sigilosamente, para que la anciana no notara que tuve que hacer eso debido a la lentitud de sus pasos. Y antes de llegar a mi casa, en la acera iban dos ancianos varones. La regla expresa que yo debo pedir permiso y ellos a la vez no deben dejar que yo pida permiso y me abrirían paso. Mas al ser personas mayores, me dio mucha pena, y tuve que irme a la pista hasta que ellos avanzaran.
¡Carreño, me has creado un trauma!

Personalmente creo que es importante el manejo de las reglas de etiqueta (que en algunos casos me parecen una total ridiculez, pero en fin) por respeto a nuestros semejantes. ¡Pero no exageren!