Esa cancioncita
Todo comenzó con un intento de hurto de una amiga.Ella me incitó a llevarme algunas cositas de una tienda por departamento. Eran unos aretes preciosos que no podía pagar. En verdad la pensé mucho antes de decirle: “NO, no puedo hacerlo. No está bien”.
Esa noche tuve la conciencia algo turbada pero tranquila y mi amiga, un lindo par de aretes, cortesía de su cleptomanía.
Días después le conté a mi madre (obviando la identidad de mi amiga) y me explicó dos cosas: lo que la gente se roba, se lo descuentan a los empleados que ya de por sí ganan poco sueldo. Y andar con cleptómanos podría meter a uno en líos, pues si alguna vez atrapan a tu amig@, puedes quedar como cómplice.
Es difícil decir NO. Los jóvenes tomamos esos pequeños hurtos como palomilladas Pero si una, UNA vez lo haces y nadie te descubre, vas a querer intentarlo de nuevo, por sentir esa adrenalina de hacer algo prohibido.
Yo tuve mi pequeña etapa de ladronzuela a los ocho años.
Me llevaba porque sí, lapiceros, lápices (negros y de colores). Y una vez hasta un par de gafas de una compañerita – D.G – (para que vean que mis hurtos eran absurdos). No tenía un motor de codicia, ni de necesidad sino fue algo que a mis veinte, ya no podría explicar. Mi madre (otra vez mi madre) me habló serena pero firmemente y dejé ese horrible vicio al poco tiempo. (Todos los objetos fueron devueltos a sus dueños y yo casi me llevo un recuerdo: Memorándum).
Y no me avergüenza contarlo, pues felizmente fue algo muy leve a corta edad y gracias a ello aprendí a respetar las cosas ajenas.
Sin miedo a equivocarme, puedo decir que desde ese entonces soy una persona confiable y respetuosa de los objetos ajenos. Son otros los defectos que recaen en mí ahora :P
Ahora cada vez que veo aparadores descuidados con cosas lindas que siempre quise tener al precio más bajo (gratis, con buena maña) y veo que otras chicas obtienen esa “oferta insuperable”, tomo aire, exhalo, y digo “Uno, dos, tres… Los valores que están en ti, son los valores del Perú…”, doy la media vuelta y sigo mi camino. ¡Qué difícil es ser honrado en el Perú!



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